Le Matricule des Anges (FR) reseña Manituana

De la publicación mensual literaria francesa, nº 106, septiembre de 2009

Valle de las armas
Magistral y palpitante, la nueva obra colectiva de la banda de Bologna marca la resurrección de la épica en la novela europea.

Los Wu Ming, en unos pocos años de actividad en el panorama cultural italiano, se convirtieron en los sostenedores del género.
Q (en francés L'Œil de Carafa, Seuil, 2001) pese a haber sido mal acogido en Francia, al contrario de los demás paises europeos, ya había demostrado su brío para componer frescos históricos atractivos y consistentes, escritos en una lengua fecunda, tónica, alimentada con la potencia originaria de los mitos.
Manituana se encuadra en este estilo e indiscutiblemente lleva la marca de fábrica del grupo: representar de manera asequible lo que es complejo, utilizar “la narración como técnica de lucha” (WM1, entrevista, revue Politique, N° 56), devolver a la epopeya sus títulos de nobleza, despertar la fuerza evocativa de los arquetipos que nos gobiernan - para hacernos más conscientes del mundo en el que vivimos.
Escrito entre 2003 y 2007 por el quinteto devenido en cuarteto -teniendo en mente los efectos del 11 de septiembre, las maniobras de Bush para justificar la invasión del Irak, la intervención en Afghanistan y las torturas de Abu Ghraib- este primer volumen de un futuro tríptico atlántico, explora con refinamiento el origen de los mundos que conocemos, de los mitos que ayudaron a forjarlos y su permanencia en nuestro espíritu.
Es, por tanto, hacia America que los cinco compañeros han decidido mirar, lo que sin duda fue antes de cristalizarse en su leyenda limpia y dorada.
Bajo la sombra protectora de Hendrik, gran sachem recibido en 1710 en la corte del rey de Inglaterra, la nación iroquesa intenta conciliar la integridad de la Casa Larga y sus Seis Naciones con la lealtad a la Corona, amenazada primero por la Guerra de los Siete Años contra los franceses, y luego por los “rebeldes de Massachusetts”. Eruditos, convertidos a los rituales cristianos, los indios mohawk eran el puente entre dos mundos, cuando los pilares de la sociedad naciente se basaban sobre los primeros mestizajes (animados en las colonias francesas del siglo XVI, hechas por voluntarios, y corrientes pero menos bien vistos en las inglesas). Philip Lacroix, Le Grand Diable, guerrero taciturno y ferviente lector de Shakespeare; Molly, madre de la nación, segunda esposa de sir William Johnson, Warraghiyagey, el que Hace Grandes Negocios, escocés [sic] encargado del Rey para los asuntos indios; Joseph Brant, experto traductor promovido a príncipe en su viaje a Londres, destinado a "hacer responder a los blancos por sus promesas"; la joven Esther, heredera de los poderes adivinatorios de Molly, y Peter, mestizo melómano. Todos intentan, en los ocho años críticos entre 1775 (primeras batallas entre ingleses y americano en Lexington y Concord) y 1783 (firma del tratado de París, que reconoce la independencia de los Estados Unidos), de preservar “el mundo construido con Hendrick”.
Entre la nostalgia por el paraíso perdido simbolizada en la fábula de Manituana, el jardín en el centro del agua, y las tensiones provocadas por la conquista de tierras al oeste de los Apalaches, la Iroquirlanda de sir William, utopía de carácter mixto a la cual pertenece la aldea mohawk de Canajoharie, se disgrega con la desaparición del “leyes íntimas y no escritas”, para dar lugar al formalismo, con sus rigideces y despropósitos, bajo la égida de su hijo sir John. “El llamamiento a la unidad de las Seis Naciones quedaba en equilibrio sobre un ordenado cúmulo de matices. El inglés perdía ocho sobre diez. Lo que quedó convenció a los blancos”.
Horror y compasión recorren las filas de las dos facciones, y nadie se salva de la propia naturaleza humana: los blancos “monstruos que el mismísimo Linneo no sería capaz de clasificar” no se quedan atrás de los indios al cometer barbaries. Pero este no es el punto central, sino más bien comprender mejor las dinámicas que se entrecruzan y se entrechocan, hoy como ayer, y se conciertan con lo efímero, fuente de todo equilibrio.
Bajo la pluma de estos narradores eméritos, la entropía de la Historia deshace los lazos, a merced de las trayectorias cruzadas de iroqueses, escoceses, irlandeses, alemanes e ingleses, y nos lleva de los bosques y meandros del valle del río Mohawk a los barrios bajos y salones londinenses, con iridiscencia de lenguajes, jugando con los registros y las sintaxis, alternando acciones emocionantes y retratos minuciosos de personajes históricos.
Apoyado por una notable documentación, puesta a disposición en el sitio web dedicado donde también se encuentran los enlaces hacia las principales acciones registradas en Google Earth -los Wu Ming siguen el copyleft y el opensource- Manituana es una novela de aventuras digna de un Stevenson que hubiera decidido establecer, con júbilo y humor, emoción y lucidez, el final de la división entre política y cultura.

Lucie Clair

*Nota: el título del original francés es un juego de palabras entre “Vallée des Armes” y “Vallée de Larmes” (valle de lágrimas).
Le Matricule des Anges (FR) reseña Manituana
wu ming · Manituana · Le Matricule des Anges (FR) reseña Manituana · 09 septiembre 2010